Acá el problema casi nunca es la falta de luz. Es tener demasiada, y no saber dosificarla.
La ventana primero
Antes de cualquier compra, la fuente principal ya está en tu casa.
Una ventana orientada al norte da una luz estable todo el día. Una ventana al sur da mucha luz y muchos problemas: contraste duro, sombras marcadas, cambio rápido según la hora.
El ajuste de base son tres puntos: la cara girada hacia la ventana, nunca de espaldas, una distancia suficiente para evitar que media imagen quede quemada, y una pared clara del lado opuesto para devolver un poco de luz.
Domar el sol mediterráneo
El sol directo es tu enemigo principal, no tu aliado.
Crea sombras profundas debajo de los ojos, hace fruncir, quema los blancos y cambia de posición mientras grabás. Lo que hay que hacer es difundirlo.
Tres soluciones, de lo gratis a lo pago: la persiana descrita arriba, una cortina blanca fina, y un difusor plegable puesto delante del vidrio. Todas hacen lo mismo: agrandar la fuente para suavizar la sombra.
Existe una cuarta, muchas veces la mejor: no grabar de cara al sol, sino en la pieza de al lado, la que recibe la luz sin recibirla directamente.
Cuándo grabar
La franja depende de la orientación, no de la hora oficial.
En verano, el mediodía da una luz vertical y dura, difícil para una cara. El inicio de la mañana y el final de la tarde dan una luz suave pero cambiante, a vigilar si la secuencia dura.
La referencia útil: anotá durante dos días a qué hora tu pieza está agradable, y grabá siempre en esa franja. Vale más que cualquier accesorio.
Qué comprar cuando la ventana no alcanza
Tres compras, en ese orden.
Un panel reflector, que cuesta poco y elimina la mitad de las sombras.
Una lámpara de luz continua con difusor, regulable en intensidad, para dejar de depender del clima y para grabar de noche.
Y recién después una segunda lámpara, más débil, puesta detrás para despegar al sujeto del fondo.
Verificá que tus lámparas tengan el mismo tono. Dos fuentes de temperatura distinta dan una cara verde de un lado y naranja del otro, y eso no se arregla en el montaje.
Los errores que se ven enseguida
Cuatro, y son frecuentes.
El plafón encendido, que fabrica ojeras. La espalda a la ventana, que convierte la cara en una silueta. La mezcla de luz de día con una lamparita cálida en el mismo plano. Y el cambio de luz en medio de una secuencia, cuando pasa una nube.
La luz del producto también cuenta
No es la misma que la de la cara.
Un producto brillante devuelve la fuente: se ve la ventana, la lámpara, a veces vos. La solución es agrandar y alejar la fuente, o girar levemente el producto para desplazar el reflejo.
Un producto con textura pide lo contrario: una luz que venga del costado, casi rasante, que haga aparecer el relieve.
Cuatro situaciones, cuatro ajustes
| Situación | La fuente | Lo que se corrige |
|---|---|---|
| Pleno mediodía fuera | El sol directo | Ponerse en sombra abierta |
| Final de la tarde | La luz rasante | Filmar de cara a la ventana |
| Cocina de noche | El plafón amarillo | Una lámpara blanca de lado |
| Tienda | Los fluorescentes del techo | Una fuente cerca de la cara |
Lo que se ajusta antes de filmar
El balance de blancos sobre el blanco real de la sala, la exposición sobre la cara y no sobre el fondo, y el bloqueo de ambos.
Lo que no se recupera en el montaje
Una fuente detrás del sujeto, un contraluz quemado, dos temperaturas de luz mezcladas en el mismo plano.
Cómo verificar
Una prueba simple, antes de grabar.
Filmá diez segundos, miralos en un teléfono con brillo medio, no en una pantalla grande al máximo. Si la cara se lee y el producto no tiene un reflejo molesto, la luz está bien. Si no, movete un metro antes de cambiar de equipo.



