Un portfolio no es una galería. Es un documento comercial, y se lee en treinta segundos.

Qué es un portfolio de creador

Es la prueba de que el resultado es reproducible.

Un comprador no se pregunta si ya lograste un vídeo, se pregunta si vas a lograr el suyo. No es entonces una colección de tus mejores piezas, es una demostración de constancia.

Tres vídeos comparables valen más que diez vídeos distintos. La primera opción prueba un método, la segunda prueba suerte.

Cuántas piezas alcanzan

Tres, después seis, nunca veinte.

Tres piezas alcanzan para conseguir los primeros trabajos, siempre que demuestren tres competencias distintas: mostrar un producto, hablarle a la cámara, responder una objeción.

Seis piezas alcanzan para especializarse, sumando tres ejemplos en la categoría apuntada.

Más allá, un portfolio se vuelve más difícil de leer y no más convincente. Quitá en vez de agregar: la pieza más floja fija el nivel percibido del conjunto.

Qué filmar cuando no hay cliente

Lo que ya tenés.

Agarrá un producto que uses de verdad, en una categoría que compre publicidad, y tratalo como un pedido: brief escrito por vos, formatos definidos, plazo fijado.

Tres ideas que funcionan sin marca asociada. La reversión de una publicidad existente, presentada como un ejercicio. La respuesta a una objeción que leés en las reseñas de un producto. Y la ficha de producto de un objeto cuyos visuales actuales son flojos.

Una regla absoluta: un ejemplo no encargado se presenta como tal, siempre, y nunca lleva el logo de una marca con la que no trabajaste.

La trampa del mercado francés

Es específica y sale cara.

Muchos creadores presentan ahí vídeos muy montados, con música, transiciones y etalonaje, pensando que demuestran un saber hacer. El resultado es el contrario: el comprador ya no ve lo que compra, es decir la persona, el producto y el sonido.

Las marcas de ese mercado buscan mayoritariamente contenido que no parezca una publicidad. Un portfolio demasiado pulido baja de categoría a su autor, aunque haya pedido más trabajo.

La segunda trampa es el texto: presentaciones largas, un discurso sobre la pasión, vocabulario de agencia. Las tres líneas del recuadro reemplazan todo eso.

Cómo presentarlo

Simple, visible, sin obstáculo.

Un lugar consultable sin registro y sin contraseña, que se abra en unos segundos en un teléfono.

Los vídeos legibles directamente, sin descarga.

Debajo de cada uno, las tres líneas descritas arriba.

Y arriba de la página, cuatro informaciones: qué filmás, tu plazo habitual, los idiomas en que entregás, y el hecho de que facturás.

Sumá un medio de contacto directo, escrito en claro. Un formulario hace perder la mitad de los pedidos.

Lo que compone un dosier legible en treinta segundos

BloqueContenidoLo que evita
El ganchoTres vídeos, sin texto alrededorUn desplazamiento sin fin
La fichaCiudad, idiomas, formatos, plazoUna pregunta por mensaje
El contactoUn medio, uno soloUna elección que hacer

Lo que se destaca según el objetivo

Una marca de cosmética quiere ver manos y un primer plano de textura, una marca de servicios quiere oír una toma de palabra clara. El mismo dosier, dos órdenes distintos.

Lo que se retira sin dudar

Un ejemplo de hace tres años, un vídeo con sonido mediocre, y todo trabajo cuyo resultado no se puede mostrar porque nunca se difundió.

Cómo evoluciona

Por reemplazo, no por acumulación.

Cada trabajo nuevo reemplaza la pieza más floja del portfolio, siempre que los derechos te permitan mostrarla. Ese punto se escribe en el acuerdo: el derecho de citar el trabajo en tu portfolio no se da por sentado.

Revisá el conjunto cada tres meses, en la agenda. Una pieza fechada, una categoría que ya no querés hacer, un ejemplo que ya no se parece a tu trabajo: cada uno cuesta trabajos sin que nadie te lo diga.