Una oferta clara vende mejor que una tarifa baja. Acá se suma una restricción que los otros mercados no conocen: el precio tiene que sobrevivir al tiempo que pasa entre el envío y la aceptación.
Tres niveles, no cinco
Es la estructura que se decide más rápido, y la decisión es el único objetivo.
Un nivel de entrada, para trabajar juntos una primera vez: un vídeo, un formato, un uso limitado.
Un nivel central, el que querés vender: varios vídeos de un mismo rodaje, dos formatos, varios ganchos, derechos publicitarios definidos en el tiempo.
Un nivel alto: una jornada completa, un lote amplio, derechos extendidos, un plazo más corto.
Más allá de tres, el comprador ya no compara, posterga. Y una oferta postergada nunca se retoma.
Fechá la validez de tu precio
Es la particularidad local, y protege a las dos partes.
Un presupuesto enviado hoy y aceptado seis semanas más tarde ya no significa lo mismo si tus costos se movieron mientras tanto.
Escribí entonces, debajo de cada monto, una fecha límite de aceptación. Quince días es una duración razonable y nunca discutida.
Sumá la moneda de facturación y la de cobro cuando difieren, así como quién soporta los gastos de transferencia. Esas dos líneas evitan la totalidad de las discusiones de fin de trabajo.
Qué hay que escribir en cada oferta
Seis elementos, siempre los mismos.
La cantidad de vídeos, su duración y sus formatos.
Los idiomas entregados, y si se trata de una versión grabada aparte o de un subtitulado.
La cantidad de revisiones incluidas y el precio de la siguiente.
Los derechos: duración, soportes, territorio. Una oferta que no los menciona deja creer que son ilimitados.
El plazo de entrega, contado desde la recepción del producto y no desde el pedido.
Y las condiciones de pago, anticipo incluido.
Lo que no hay que hacer
Cuatro errores que topean las tarifas.
Vender vídeos en vez de un resultado: una lista de entregables se compara solo por precio.
Incluir los derechos publicitarios en el nivel de entrada: perdés la única opción que sube el ticket.
Aceptar una exclusividad sin facturarla.
Y proponer una tarifa por hora. Nadie compra horas en esta actividad; se compran archivos utilizables.
El formato de la oferta
Una página, enviada en un archivo legible en teléfono.
Tres columnas o tres bloques, un precio por bloque, una línea de opciones debajo.
Sin presentación personal al inicio: el comprador ya vio tu trabajo, busca decidir.
Y un enlace a dos ejemplos solamente, elegidos en la categoría del cliente.
Lo que se pone en cada línea de una oferta
| Línea | Lo que fija | Si falta |
|---|---|---|
| Cantidad de vídeos | La carga de trabajo | Un añadido gratis |
| Formatos entregados | Las exportaciones esperadas | Una exportación rehecha |
| Retoques incluidos | El fin del proyecto | Una ida y vuelta sin fin |
| Duración de cesión | El valor real | Una difusión ilimitada |
Lo que se vende mejor que un vídeo aislado
Un compromiso mensual. El cliente obtiene un ritmo, el creador obtiene visibilidad sobre su mes, y la negociación no vuelve a empezar en cada pedido.
Lo que se prueba antes de congelar una parrilla
Proponer las mismas tres ofertas a diez marcas. La elegida ocho veces de diez se vuelve la oferta principal, las otras dos la enmarcan.
El español neutro, y su límite
Es una pregunta que vuelve en cada brief regional.
Una versión neutra sirve cuando el vídeo tiene que circular por varios países y ningún acento local debe dominar. Se factura como una prestación distinta, porque exige un trabajo de vocabulario.
Pero no reemplaza una versión local cuando la campaña apunta a un solo país: el público escucha de inmediato una voz que no es de ningún lado.
Proponé entonces las dos entre tus opciones, con dos precios distintos, y dejá que el cliente elija con conocimiento de causa.



