Existen tres opciones para pasar un vídeo de un idioma a otro. Cuestan tres montos distintos y producen tres resultados sin relación entre sí.
Los subtítulos, lo más barato y lo más débil
Es la opción por defecto, y tiene una utilidad real pero limitada.
Funciona cuando el vídeo se apoya en la imagen: una demostración, un gesto, un producto que se muestra. También es indispensable en todos los demás casos, ya que la reproducción arranca sin sonido.
Falla apenas el vídeo se apoya en una persona que habla. El público escucha un idioma y lee otro, y la atención se divide en el momento preciso en que había que retenerla.
Dos reglas si elegís esa opción. Reescribí en vez de traducir: un subtítulo legible tiene cinco palabras donde la frase hablada tiene quince. Y hacelo revisar por alguien que hable la lengua de acá, porque una traducción correcta puede seguir sonando extranjera.
La voz en off rompe lo que hace funcionar el formato
Es la opción intermedia, y muchas veces la peor de las tres.
Cubrir a una persona filmada hablando produce un desfase inmediato: los labios no siguen, la entonación no corresponde, y el contenido se vuelca hacia la publicidad traducida.
Sigue siendo válida en un solo caso: cuando nadie aparece hablando. Un vídeo de manos, de producto o de lugar se declina en voz en off sin ninguna pérdida.
La regla es entonces simple: la voz en off reemplaza una voz en off, nunca a una persona en imagen.
Un segundo rodaje con el mismo creador
Es la opción más eficaz cuando la persona es bilingüe.
Rehace las tomas habladas en el segundo idioma, el mismo día, con el mismo decorado y la misma ropa. El montaje queda idéntico, solo cambian las tomas.
El sobrecosto es bajo: una hora de rodaje adicional y una exportación. La ganancia es completa: dos vídeos que parecen ambos originales.
Una condición: el texto tiene que reescribirse, no traducirse. Una frase traducida nunca cae sobre la misma duración de imagen.
Un segundo creador
Es la opción que más cuesta, y a veces la única justa.
Se impone cuando el público apuntado tiene que reconocerse: el vocabulario, el acento, las referencias y el ritmo cuentan tanto como el mensaje.
También produce un activo duradero: una persona más en tu vivero, probada, disponible para las campañas siguientes.
Cómo decidir
Tres preguntas, en este orden.
¿Aparece una persona hablando? Si no, la voz en off alcanza.
¿El vídeo tiene que producir identificación, o solo comprensión? Si tiene que producir identificación, hace falta una voz de acá.
¿Y cuántas campañas hay previstas este año? Más allá de dos, el segundo rodaje se vuelve la opción más barata, descrita más arriba.
Lo que cuesta y rinde cada opción
| Criterio | Doblaje | Nuevo rodaje |
|---|---|---|
| Plazo | Dos días | Una a dos semanas |
| Coste | Bajo | Completo |
| Credibilidad | Variable | Total |
Lo que hace aceptable un doblaje
Una voz que habla la lengua del público a diario, un texto reescrito y no traducido, y un montaje donde no se ven los labios del hablante.
Lo que obliga a volver a rodar
Un plano cercano sobre un rostro que habla, un lugar reconocible, un precio en pantalla o una mención obligatoria propia del mercado buscado.
Qué hay que prever en todos los casos
Tres elementos, escritos desde el brief.
El máster sin texto incrustado, que permite todas las versiones.
Los derechos que cubren los dos idiomas, con la misma duración.
Y el acuerdo de la persona filmada para las dos versiones, incluso si aparece solo en una.
Verificá por último las obligaciones lingüísticas aplicables a la exhibición comercial y a las menciones, que dependen del soporte y de la situación, antes de difundir.



