Instalarse en un departamento chico, manejar la luz gris de invierno y el ruido de los vecinos, y el rincón que siempre funciona.

Un rincón que queda montado

Tres razones para fijar un lugar en vez de reinstalar todo en cada rodaje.

Ganás constancia, indispensable apenas una marca encarga una serie.

Eliminás la media hora de instalación, es decir la excusa principal para no filmar.

Y podés grabar una retoma tres días después sin que el empalme se note.

En la práctica: un metro cuadrado alcanza. Una pared despejada, una mesa a la altura de la cintura, la ventana al costado, una marca pegada en el piso.

El departamento chico, resuelto

Cuatro limitaciones y su solución.

Falta distancia: filmá más cerca, en plano cerrado, y cambiá de ángulo en vez de retroceder.

El fondo está cargado: no ordenes todo, despejá la franja que aparece detrás tuyo y dejá el resto.

La mesa es muy baja: elevala con libros, es estable e invisible.

La pieza resuena: los textiles hacen el trabajo, una cama, una cortina corrida, un abrigo colgado fuera de cuadro.

El ruido de los vecinos y de la calle

Cinco fuentes, cinco respuestas.

Las obras: imposibles de filtrar, se esperan. Filmá los planos sin palabra durante, las palabras después.

El tránsito: afloja temprano a la mañana y a primera hora de la tarde.

Los vecinos: el ruido de pasos y de muebles pasa por el piso, una alfombra bajo el pie del micrófono lo reduce.

La ventilación, la heladera y la caldera: apagalos durante la toma, volvé a prenderlos después, y anotalo para no olvidarte.

Y el ruido ambiente general: acercá el micrófono, nunca subas el volumen.

El invierno, el verdadero adversario

Cuatro efectos a anticipar.

Las franjas útiles se reducen: entre noviembre y febrero, la ventana aprovechable a veces entra en tres horas alrededor del mediodía.

La luz es débil y el aparato compensa subiendo la sensibilidad, lo que agrega grano.

La tentación de la luz del techo, tratada más arriba.

Y la luz cambia rápido: una misma serie filmada en dos horas puede dejar de empalmar. Filmá seguidos los planos que van juntos.

Un método simple: bloqueá dos franjas fijas por semana, en pleno día, y filmá todo lo que tiene que parecerse en la misma franja.

La calefacción, el vaho y los reflejos

Cuatro problemas propios de la temporada fría.

El vaho en el lente cuando se pasa del frío al calor: sacá el aparato diez minutos antes, se equilibra.

Los reflejos en las ventanas y en los productos brillantes: girá el objeto quince grados en vez de mover la lámpara.

El aire seco que hace crepitar la ropa y el pelo: se escucha en el micrófono corbatero.

Y el radiador que hace ruido al calentar, a apagar durante las tomas habladas.

Lo que se cambia primero en una habitación

ElementoEl fallo corrienteLa corrección
La luzUna lámpara de techo amarilla de frenteUna ventana a 45 grados
El sonidoUn eco de pared desnudaUna alfombra, una cortina, una estantería
El fondoUn desorden legibleUn tramo de pared despejado

Lo que se ajusta de una vez por todas

La cámara a la altura de los ojos, a distancia de brazo, y una marca en el suelo para volver al mismo sitio. Esos tres ajustes ahorran diez minutos por rodaje.

Lo que se filma al final

Los planos de recurso y el producto solo. La voz se graba cuando está más fresca, el resto se añade después, incluso otro día.

El equipo mínimo real

Cinco objetos, y nada más para empezar.

Un teléfono reciente, de sobra suficiente en vídeo vertical.

Un trípode con pinza, que se sostiene en una mesa.

Un micrófono corbatero con cable, la compra que más cambia la calidad percibida.

Una lámpara de temperatura regulable, indispensable para el período oscuro.

Y una hoja blanca rígida, la solución más barata para rellenar una cara.

Una última referencia: lo que distingue un vídeo filmado en casa de un vídeo amateur no es ni el decorado ni la cámara, es el sonido y la coherencia de la luz. Resolvé esos dos puntos de una vez, el resto pasa a ser cuestión de gusto.