Lo que vuelve una imagen utilizable doce meses al año, en un país donde la luz natural desaparece una parte del año.
La luz del día, cuando la hay
Es la mejor fuente, y exige poco equipo.
Cuatro reglas que valen todo el año.
Ponete de tres cuartos respecto de la ventana, nunca de espaldas a ella.
Mantené alrededor de un metro de distancia: demasiado cerca, un lado de la cara se quema.
Usá la cortina o la persiana como difusor cuando el sol es directo.
Y anotá la hora y la posición que funcionaron: es un ajuste para reencontrar, no para reinventar.
Una particularidad local: un cielo cubierto da una luz muy suave y muy constante. Es un buen día de rodaje, no uno malo.
Los meses sin luz
Es la restricción de noviembre a febrero, y se planifica.
La luz útil dura unas horas y desaparece antes del final de la jornada laboral.
Tres adaptaciones.
Filmá en una sola sesión, a la mejor hora, varios vídeos seguidos.
Agregá una única fuente artificial, puesta del mismo lado que la ventana, con un difusor simple.
Y aceptá una imagen un poco más cerrada: una luz constante y modesta vale más que una luz linda que cambia en medio de la toma.
Un gasto útil, el único realmente necesario en el año: un panel de intensidad regulable y temperatura fija, más un pie. Es lo que permite entregar en enero lo que entregás en junio.
Lo que se ve en la imagen y el ojo no nota
Cuatro defectos, todos invisibles en el lugar.
El parpadeo: algunas bombillas producen un latido que la cámara registra y el ojo no percibe. Filmá cinco segundos y mirá el resultado antes de seguir.
El reflejo en los anteojos, que aparece en cuanto una fuente se pone demasiado de frente.
La sombra proyectada detrás de la cabeza, cuando uno está muy cerca de la pared: un metro de separación alcanza para eliminarla.
Y la dominante de color de una pared pintada: una pared verde devuelve verde sobre la piel.
El fondo cuenta tanto como la fuente
Tres reglas simples.
Un fondo un poco más oscuro que el rostro, nunca una pared blanca iluminada de lleno.
Un objeto en el cuadro, para dar profundidad, pero nada identificable ni fechable.
Y una distancia de al menos un metro entre vos y el fondo, que alcanza para separar sin equipo adicional.
Lo que se ajusta según la habitación
| Habitación | El problema típico | El gesto que corrige |
|---|---|---|
| Salón | Una pared de color que tiñe la piel | Apartarse de la pared |
| Cocina | Un plafón amarillo | Una lámpara blanca de lado |
| Oficina | Una pantalla que ilumina desde abajo | Apagar la pantalla durante la toma |
Lo que se controla en diez segundos antes de cada toma
El sentido de la luz, la ausencia de sombra proyectada sobre el fondo, y un enfoque bloqueado sobre el ojo más cercano. Tres verificaciones que evitan una repetición.
Lo que se rehace en vez de corregirse
Una toma demasiado oscura. Aclarar en el montaje saca grano, y un plano con ruido se nota más que un plano simplemente repetido.
La constancia vale más que la belleza
Es el punto que distingue un vídeo suelto de un lote entregable.
Una marca que encarga cinco vídeos quiere cinco imágenes que se parezcan, porque se van a difundir juntas.
Tres hábitos que lo garantizan.
Una ficha escrita: posición, altura, distancia, hora, ajustes.
Una marca en el piso para el pie y para el asiento.
Y una toma de prueba de diez segundos al comienzo de cada sesión, comparada con la anterior.
Un último punto, muchas veces olvidado: si tu vivienda aparece y es reconocible, o si otra persona entra en el cuadro, preveé las autorizaciones correspondientes, y verificá con un abogado qué se aplica antes de entregar.



