Los restaurantes son la categoría donde un solo buen video cambia una semana de operación. La decisión se toma rápido, el público es local y el costo de hacerlo bien es chico comparado con casi cualquier otra publicidad que un restaurante pueda comprar.

Filma la comida siendo comida, no emplatada

Un plato perfectamente estilizado es una fotografía. Lo que llena mesas es el corte, el hilo de queso, el vapor, la salsa moviéndose. Los restaurantes que le entregan un plato al creador y le dicen que no lo toque consiguen un video hermoso que no hace venir a nadie.

El público está a unos kilómetros

El alcance no sirve de nada aquí. Un video visto por cincuenta mil personas en todo el país vale menos que uno visto por dos mil personas que pueden llegar caminando. Pide especificidad local en el brief: nombra la colonia, muestra la calle, di los horarios.

Muestra el lugar, no solo el plato

La gente elige restaurante según si se imagina sentada ahí. Si es ruidoso, si es para una cita, si puedes llevar un niño, si hay lugar afuera. La mitad de la decisión es ambiente, y la mayoría de los videos de restaurante lo ignora por completo.

El precio debe verse

Esconder el precio hace que la gente suponga lo peor. Mostrarlo, aunque sea un instante, convierte mejor porque elimina la razón más común para cerrar el video y seguir de largo.

Trabaja con los mismos creadores de forma repetida

Un creador que come ahí cada mes y conoce la carta produce mejor trabajo cada vez, y su audiencia empieza a asociar a los dos. En restaurantes, la repetición con una persona creíble le gana a un elenco rotativo.

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Preguntas frecuentes

¿Cómo filmar la comida?

Siendo comida, no estática y estilizada.

¿Sirve el alcance nacional?

No, el público mide unos kilómetros.

¿Qué más debe aparecer?

El lugar y el ambiente.

¿Hay que mostrar el precio?

Sí, esconderlo cuesta conversiones.