No hace falta un contrato de diez páginas para trabajar tranquilo. Hacen falta cinco cláusulas escritas en un mensaje, aceptadas por el cliente antes de empezar. Eso resuelve el noventa por ciento de los conflictos que aparecen después.

Uno: qué se entrega exactamente

Cantidad de videos, duración aproximada, formato vertical u horizontal, si van con subtítulos y si se entrega una versión sin voz. Si esto no está escrito, cada persona imaginó algo distinto y la discusión llega en el peor momento.

Dos: cuántas revisiones están incluidas

Una o dos, y qué se considera revisión. Cambiar un dato equivocado es una corrección, rehacer el video con otro enfoque es un trabajo nuevo. Escribirlo evita el ciclo infinito de ajustes que convierte un encargo rentable en uno que perdiste plata.

Tres: los derechos de uso

Es la cláusula que decide cuánto vale el trabajo. Canales donde se publica, territorio, plazo y si incluye publicidad paga. Un video para el perfil del cliente y un video para anuncios pagos durante un año no cuestan lo mismo y no son el mismo trabajo.

Cuatro: precio, moneda y plazo de pago

Importe, en qué moneda, cuándo se paga y si hay adelanto. En trabajos grandes conviene un porcentaje al inicio. No es desconfianza, es la práctica normal en cualquier servicio profesional.

Cinco: qué pasa si se cancela

Si el cliente cancela después de que grabaste, se paga la parte hecha. Si cancela antes de que empieces, se devuelve el adelanto o se descuenta un porcentaje. Definirlo al inicio hace que la cancelación sea un trámite y no una pelea.

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Preguntas frecuentes

¿Hace falta un contrato formal?

No, cinco cláusulas escritas alcanzan.

¿Qué cláusula define el precio?

La de derechos de uso.

¿Cuántas revisiones incluyo?

Una o dos, definiendo qué es una revisión.

¿Pido adelanto?

En trabajos grandes, sí.