Un presupuesto realista, qué agrega la factura, y dónde las marcas subestiman sistemáticamente el total.

El cachet es la parte que se mira

Tres niveles, a ajustar según la categoría y el formato.

El nivel de entrada: un vídeo simple, un producto, un decorado, un formato entregado, sin derechos publicitarios.

El nivel corriente: un lote de tres vídeos filmados en la misma sesión, dos formatos, un mes de difusión pagada.

Y el nivel alto: producción regular, derechos de un año, exclusividad sectorial limitada, calendario mensual.

Una observación útil para construir una comparación honesta: llevá siempre los presupuestos al mismo alcance de derechos antes de mirar la cifra. Sin eso, comparás una publicación única con una licencia anual.

El producto y su envío

Cuatro costos, casi siempre olvidados en el primer presupuesto.

El envío del producto, en un país donde los plazos varían mucho según la región.

La eventual devolución, si se trata de un producto caro que tiene que volver.

El valor del producto mismo, que se vuelve un gasto apenas no se recupera.

Y el tiempo de espera: el calendario de producción arranca sólo con la recepción, nunca con el encargo.

Una consecuencia práctica: con volumen, el envío agrupado una vez por mes cuesta menos que el envío unitario, y elimina la principal causa de atraso.

Las retenciones cambian el total

Tres puntos a tratar con un contador antes del primer encargo.

El estatus bajo el cual el creador factura, que determina los documentos que tu contabilidad va a exigir.

Las retenciones aplicables, que varían según ese estatus y modifican el neto percibido.

Y los documentos fiscales necesarios para que el gasto sea deducible de tu lado.

Una organización que evita malas sorpresas: pedí esa información en el momento del presupuesto, no en el momento de pagar. El atraso más frecuente en ese país no es un atraso de producción, es un atraso de facturación.

Los derechos de uso son una línea real

Cuatro parámetros, a escribir con todas las letras.

La duración, con una fecha de fin.

El territorio, nombrando los países.

Los soportes, distinguiendo lo orgánico de la publicidad pagada.

Y las modificaciones autorizadas: recorte, subtítulos, doblaje, remontaje.

Un orden de magnitud constante: agregar derechos publicitarios a un vídeo aumenta el precio de manera sustancial, muchas veces del mismo orden que la producción. Es normal, y se negocia reduciendo la duración en vez del precio.

Lo que compone el coste real de una campaña

RubroLo que cubreA menudo olvidado
La creaciónRodaje y montajeNo
La cesiónSoportes, duración, territorioSí
El pilotaje internoBrief, validaciones, seguimientosSí, siempre
La difusiónEl presupuesto publicitarioNo

Lo que baja el coste por vídeo sin bajar el precio

Encargar un lote en vez de una pieza, dar un brief completo desde el principio, y limitar las idas y vueltas a dos. El tiempo interno cuesta más que el descuento obtenido.

Lo que sale más caro al final

Un vídeo inutilizable porque el producto no era el correcto o faltaba una mención. Dos minutos de verificación antes del rodaje evitan ese coste entero.

Cómo construir un presupuesto que se sostiene

Cinco líneas, y el total deja de moverse.

El cachet del creador, por vídeo o por lote.

Los derechos, calculados aparte.

La logística del producto, ida y vuelta.

Los gastos de transferencia y las retenciones, según la respuesta del contador.

Y una reserva de diez por ciento para las revisiones y los imprevistos, que se usa en casi todas las campañas.

Una última referencia que cambia la lectura de un presupuesto: el costo por vídeo baja mucho a partir del lote de tres, porque el traslado, la instalación y el envío del producto se pagan una sola vez. Una marca que encarga tres vídeos suele pagar menos por pieza que una que encarga uno, y obtiene con qué probar tres ángulos en vez de uno.