Nadie va a un rodaje de UGC pensando que está tratando datos personales. Se graba en una cocina, pasa un vecino, el celular queda encendido, alguien manda su DNI por mensaje para facturar, y al final del día hay una carpeta con material que identifica a varias personas que no firmaron nada.
La Ley 25.326 no habla de rodajes, habla de datos personales, y define esos datos como información de cualquier tipo referida a personas determinadas o determinables. Una cara reconocible en un video entra ahí, y por eso conviene saber qué exige la ley antes de acumular horas de material.
Lo que se recolecta sin darse cuenta
El problema no son los datos que uno pide de forma consciente. Son los que quedan.
| Lo que queda del rodaje | Quién es el titular | Qué hay que tener |
|---|---|---|
| Brutos con gente de fondo | cada persona identificable | evitarlo en el encuadre, o pedir consentimiento |
| Audio ambiente con conversaciones ajenas | quien habla | cortarlo, porque el consentimiento acá es impracticable |
| DNI o CUIT enviados para facturar | la persona que los mandó | guardarlos solo mientras haga falta |
| Comentarios con datos de salud | quien comenta | tratarlos como sensibles y no reutilizarlos |
| Base de contactos de creadores o clientes | cada contacto | finalidad declarada y derecho de acceso |
En cambio de lo que ocurre con una cesión de imagen, que se piensa antes porque la marca la pide, todo lo de arriba se acumula solo y nadie decide nada. Ese es exactamente el punto.
El consentimiento acá tiene una forma
Esta es la diferencia que más sorprende a quien viene de otros marcos. El artículo 5 exige un consentimiento libre, expreso e informado, y agrega que deberá constar por escrito o por otro medio que permita equipararlo.
No alcanza con que la persona haya visto la cámara y no se haya opuesto. No alcanza con un "dale, filmá" dicho al pasar. La forma escrita, o algo que se le equipare y que quede registrado, es parte de la exigencia.
Para un rodaje eso tiene una traducción práctica muy simple: el papel que se firma no es un trámite del cliente, es la forma que la ley le da al consentimiento. Y si el rodaje ocurre en un lugar donde puede pasar gente, la decisión razonable es de encuadre y no de firma, porque conseguir el consentimiento de un transeúnte es imposible en la práctica.
Lo que hay que decir cuando se piden datos
El artículo 6 enumera lo que la persona tiene que saber en el momento en que se le piden los datos. No es una letra chica: es información previa.
Hay que decirle para qué se van a usar y quiénes serán los destinatarios, que existe una base y quién es responsable de ella, si responder es obligatorio o voluntario, qué pasa si no responde, y que tiene derecho a acceder, rectificar y suprimir.
Traducido a un mensaje de WhatsApp pidiendo el CUIT de un creador, no hace falta un texto legal: alcanza con decir para qué se pide, quién lo guarda y hasta cuándo. Tres líneas que casi nadie escribe y que resuelven la mayor parte del problema.
La finalidad es la regla que más se rompe
El artículo 4 dice que los datos no pueden ser utilizados para finalidades distintas o incompatibles con aquellas que motivaron su obtención.
Es la regla que más se rompe en este rubro, y casi siempre con buena intención. El material se grabó para una campaña, quedó lindo, y seis meses después la marca lo usa en otra pieza; la lista de creadores que se armó para un casting se reutiliza para ofrecer otra cosa; el video de un cliente contento se recicla como testimonio en un canal distinto.
Nada de eso es automáticamente ilícito, pero ninguna de esas reutilizaciones estaba en la finalidad original, y por lo tanto requiere volver a preguntar. La forma barata de evitarlo es escribir la finalidad de manera realista desde el principio, en lugar de escribir la más estrecha posible y después incumplirla.
El material que se reutiliza en otra campaña
Es el caso más frecuente y el que más se parece a un derecho adquirido. La marca pagó el rodaje, tiene los archivos y los vuelve a usar para otra cosa.
Conviene separar dos permisos que casi siempre se confunden. La cesión de derechos sobre el video regula qué puede hacer la marca con la pieza; el consentimiento de la persona filmada regula qué puede hacerse con sus datos. Un contrato puede resolver el primero y no decir nada del segundo, y entonces la reutilización queda sin cobertura por el lado que nadie miró.
La lista de casting que se recicla
Se arma una convocatoria, llegan cuarenta respuestas con nombre, teléfono, ciudad y a veces edad, se elige a tres, y la lista queda. Meses después alguien la usa para ofrecer otra campaña.
Los treinta y siete que no fueron elegidos dieron sus datos para una finalidad concreta que ya terminó. Lo correcto es borrarlos cuando la convocatoria cierra, o preguntar al momento de recolectarlos si quieren quedar para futuras búsquedas, que es una casilla y una frase.
El testimonio que cambia de canal
Un cliente graba un testimonio para el sitio y aparece después en un anuncio pago, o al revés. Cambia el soporte, cambia el alcance y a veces cambia el país donde se muestra.
Es el caso donde más vale la pena escribir la finalidad de forma amplia pero honesta desde el principio: decir que se usará en canales propios y en publicidad, y decirlo antes, cuesta lo mismo que decirlo mal.
Los datos sensibles, que aparecen más de lo que uno cree
El artículo 2 define como sensibles, entre otros, los datos referidos a la salud o a la vida sexual. En UGC aparecen todo el tiempo sin que nadie los llame así.
Una creadora que cuenta que usa un producto para una condición de piel está dando un dato de salud sobre sí misma. Un comentario debajo del video en el que alguien pregunta por su propio tratamiento también lo es. Y un casting que pregunta por talles, embarazos o condiciones médicas está recolectando datos sensibles con un formulario de Google.
La conducta prudente es la misma en los tres casos: no recolectar lo que no se necesita, no reutilizarlo nunca fuera de la finalidad original, y no exhibirlo en pantalla ni en la descripción.
Los derechos que la otra persona puede ejercer
Los artículos 14 a 16 le dan al titular tres derechos que se ejercen, no que se piden como favor: acceder a sus datos, rectificarlos cuando son inexactos y pedir su supresión, con plazos cortos y sin costo.
Para una marca o un creador que trabaja con varias personas, eso significa que en algún momento alguien va a escribir pidiendo que se baje un video o que se borren sus datos. La diferencia entre un problema y un trámite es si se sabe dónde está el material.
Por eso la parte administrativa de esto no es un registro legal sino una carpeta ordenada: saber qué se grabó, de quién, con qué permiso y hasta cuándo. Es el mismo cuaderno que sirve para las licencias.
Lo que hay que hacer antes del primer rodaje
- Decidir el encuadre en función de quién puede aparecer, no al revés. Es más barato mover la cámara que conseguir diez consentimientos.
- Tener un texto de consentimiento propio, corto, que diga finalidad, soportes, plazo y derechos. Uno solo, reutilizable.
- Guardar los brutos con una fecha de borrado, y borrarlos. Conservar todo para siempre es lo que convierte un rodaje viejo en un problema nuevo.
- Separar los datos de facturación del material creativo. Son finalidades distintas y no tienen por qué vivir en la misma carpeta.
La objeción razonable es que esto parece desproporcionado para alguien que graba solo en su casa. Lo es, si el rodaje es efectivamente solo. Deja de serlo en el momento en que aparece una segunda persona en cámara, un casting con formulario o una base de contactos, y esos tres momentos llegan antes de lo que uno espera.
Vale además una aclaración sobre el registro de bases: el artículo 21 exige inscribir las bases que prestan informes ante la autoridad de control. Es una obligación que existe y que no describe la situación de la mayoría de los creadores, así que conviene consultarla en la autoridad y no asumir ni que aplica ni que no.
Fuentes
- Ley 25.326 de Protección de los Datos Personales, texto
- AAIP, protección de datos personales
- Decreto DNU 274/2019, Lealtad Comercial
Verificado el 12 de septiembre de 2026. Esta guía no es asesoramiento legal. En caso de desacuerdo entre esta guía y la fuente oficial, prevalece la fuente.



