Una marca quiere tu vídeo en la pantalla de su local. Tres cosas son ciertas ahí que son falsas en todos lados, y cambian el montaje.

Qué quita el lugar

Nadie eligió mirar

Cuatro consecuencias directas.

No hay gancho posible: no se capta una atención que no fue dada, se la atrapa al pasar.

Lo que detiene la mirada es un movimiento, no una idea: una mano, un objeto que se llena, una materia que cambia.

El ritmo tiene que ser lento, porque un montaje rápido se vuelve ilegible a distancia.

Y la información tiene que estar visible desde el primer segundo visto, sea cual sea.

Nadie puede volver atrás

Tres reglas de construcción.

Cada segmento tiene que funcionar solo, tratado más arriba.

Ninguna información debe aparecer una sola vez: lo que cuenta se muestra al menos tres veces por bucle.

Y el bucle tiene que ser corto, entre treinta y sesenta segundos, para que el mensaje vuelva mientras la persona todavía está en el local.

Nadie escucha nada

Cinco consecuencias de la ausencia de sonido.

El texto en pantalla lleva la totalidad del mensaje, y tiene que ser legible a tres metros.

Los subtítulos no alcanzan: un texto de subtítulo es demasiado chico y demasiado rápido para ese contexto.

Los gestos reemplazan las explicaciones: mostrar vale más que decir.

La música y la voz no sirven de nada, lo que libera tiempo de montaje.

Y todo vídeo cuyo sentido dependa de una frase pronunciada es inutilizable tal cual.

Lo que cambia una pantalla en tienda

RestricciónLo que imponePor qué
Ningún sonidoTodo pasa por la imagen y el textoLa sala es ruidosa o está silenciada
Un bucle corto10 a 20 segundosEl transeúnte se queda poco
Una lectura de lejosUn texto grande, pocas palabrasLa pantalla está en alto

Lo que se encuadra de otro modo

El producto ocupa el centro y sigue siendo grande. Un plano general que funciona en móvil se vuelve ilegible en una pantalla vista a tres metros.

Lo que se verifica con la tienda

Las proporciones de la pantalla, la duración del bucle, el peso de archivo aceptado y la orientación. Esas cuatro informaciones vienen del explotador, nunca de una suposición.

La parte que no es técnica

Seis puntos a resolver con la marca antes de entregar.

El formato exacto de la pantalla, que casi nunca es vertical: muchas pantallas de vidriera son horizontales o cuadradas, y un reencuadre automático corta lo esencial.

La zona muerta: los bordes de arriba y de abajo pueden quedar tapados por el marco o el mueble, así que nada importante se coloca ahí.

La luminosidad del lugar, que aplasta las imágenes oscuras y vuelve ilegibles los contrastes flojos.

La duración del bucle que espera el reproductor, y el formato de archivo que acepta.

Los derechos: una difusión en local es un uso distinto, a escribir en el contrato, con su duración y la cantidad de puntos de venta.

Y la mención publicitaria, cuya aplicación en un lugar de venta se verifica con un abogado.

Una observación comercial: esa difusión casi siempre se pide como suplemento de un pedido existente, sin pagarse, porque parece anodina. Se cotiza como un uso por derecho propio, con una duración y una cantidad de pantallas, exactamente como una vía pública.

Una última referencia: un vídeo de vidriera no es una versión acortada de un vídeo social, es un objeto distinto que obedece a tres limitaciones inversas. El archivo que entregás tiene que seguir siendo comprensible sin sonido, sin principio y sin atención voluntaria, y esas tres condiciones no se recuperan en el montaje.