Una demostración que empieza enseñando el producto es un manual de instrucciones. Una demostración que empieza enseñando el problema es una venta. La diferencia son diez segundos de guion y casi ningún creador la aplica.

La estructura que funciona

Problema visible, intento fallido, producto, resultado, frase final. Cinco bloques, cada uno de pocos segundos. El intento fallido es el que casi todos se saltan y el que hace que el espectador se reconozca: el bote que no cierra, la mancha que no sale, el mueble que se mueve.

Enseñar, no describir

Si dices "es muy resistente", el espectador tiene que creerte. Si lo doblas delante de la cámara, ya no hace falta creer nada. Cada afirmación del video debería tener su prueba visual asociada, y si no la tiene, sobra.

Plano fijo y manos

La demostración se rueda mejor con el móvil apoyado y las dos manos libres. Nadie necesita ver tu cara todo el rato, necesita ver el producto funcionando. Un trípode barato o dos libros bastan, y el resultado sube un escalón entero.

El detalle que las marcas agradecen

Grabar también el momento que no sale perfecto y el plano de después: el producto usado, no recién sacado. Da verosimilitud y sirve para el email de posventa, así que la marca acaba comprando ese plano extra.

Duración y ritmo

Entre quince y treinta segundos para redes, y una versión larga de sesenta si el producto es técnico. Sin introducción, sin presentación personal, sin "hoy os traigo". El primer segundo debe ser el problema, ya en marcha.

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Preguntas frecuentes

¿Por dónde empiezo?

Por el problema, no por el producto.

¿Tengo que salir yo?

No siempre, las manos suelen bastar.

¿Cuánto dura?

De quince a treinta segundos.

¿Qué plano extra grabo?

El producto ya usado, no recién estrenado.