Problema y solución es la estructura más confiable de la publicidad de respuesta directa, y falla de una sola manera: cuando el problema se inventa para que le calce al producto.
El problema tiene que ser uno que la gente realmente tiene
Si el espectador no reconoce el problema en los primeros segundos, todo lo que sigue está respondiendo una pregunta que nunca hizo. La prueba es si alguien describiría el problema con esas palabras sin que se lo sugieran.
Mostrá el problema, no lo narres
El cable enredado, la salsa en la camisa, el cajón que no cierra. Dos segundos de imagen valen más que una frase que lo explica, y funciona sin sonido, que es como lo va a ver la mayoría del público.
No exageres el problema
El formato tiene una larga historia de sufrimiento absurdo: alguien incapaz de abrir un frasco, que derrama todo, derrotado por una tarea elemental. El público lo lee como anuncio de inmediato. La versión creíble muestra una irritación leve y real y no una catástrofe.
La solución hay que mostrarla, no afirmarla
Pasá directo del problema al producto haciendo la cosa. Saltarse la demostración para ir al resultado feliz es donde esta estructura pierde al espectador, porque el medio es la única parte que constituye evidencia.
Le calza mejor a la publicidad pagada que a lo orgánico
La estructura es eficiente, directa y algo formularia, lo que le va perfecto a una interrupción y un poco menos a un feed que alguien eligió recorrer. Usala donde el espectador no pidió estar.
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Preguntas frecuentes
¿Qué hace fallar al formato?
Un problema inventado.
¿Hay que narrar el problema?
No, mostralo visualmente.
¿La exageración es efectiva?
No, se lee como anuncio.
¿Dónde funciona mejor?
En publicidad pagada más que en orgánico.



