El testimonio es el formato más viejo de la publicidad y el más fácil de volver increíble. Lo que separa la versión que funciona de la que no es casi enteramente cuestión de especificidad.

Lo específico le gana a lo entusiasta

Me encanta, es increíble, me cambió la vida. Esas frases no dicen nada y el espectador las descuenta automáticamente. Dejó de agrietarme las manos para la tercera semana es una afirmación que alguien puede imaginar, y es la frase que hace el trabajo.

Incluí algo imperfecto

Un testimonio sin ninguna reserva se lee como un texto aprendido. Alguien que dice que el empaque es molesto pero que el producto vale la pena convence mucho más que un elogio continuo, y esa crítica chica le compra credibilidad a todo el resto del video.

No escribas las palabras

Dale al creador el punto que tiene que transmitir y dejá que lo formule. Un testimonio dicho con las frases de otra persona se escucha de inmediato, porque nadie habla en inglés escrito ni en francés escrito cuando describe algo que le gustó.

Las reglas de las afirmaciones siguen aplicando

Un testimonio no es una forma de esquivar el sustento. La experiencia sincera de una persona no establece que un producto se comporte así en general, y presentarla como prueba de rendimiento general es un problema en sí, por honesta que haya sido esa persona.

Filmalo en su espacio, no en un set

El escenario es parte de la credibilidad. Un testimonio filmado en la cocina donde se usa el producto, con el desorden ordinario de una casa real, vale más que las mismas palabras contra un fondo limpio.

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Preguntas frecuentes

¿Qué vuelve creíble a un testimonio?

La especificidad más que el entusiasmo.

¿Debe incluir una crítica?

Sí, una chica le compra credibilidad.

¿La marca debe escribir las palabras?

No, dale el punto y dejá que lo formule.

¿Un testimonio sustenta una afirmación?

No, es la experiencia de una persona.