Una narración puesta sobre imágenes cuesta menos, se corrige más rápido y se declina en varios idiomas. También destruye ciertos vídeos, y hay que saber cuáles.

La ventaja que nadie calcula

Cabe en tres puntos, y es sobre todo económica.

Un vídeo en voz en off se corrige sin volver a filmar: una palabra mal elegida se regraba en cinco minutos, mientras que una frase dicha a cámara exige una nueva sesión.

Se declina en otro idioma sin rehacer la imagen, lo que divide por dos el costo de una versión bilingüe.

Y permite filmar sin nadie disponible: las manos, el producto, el lugar alcanzan.

Cuándo es la elección correcta

Cuatro situaciones, todas frecuentes.

La demostración técnica, donde lo importante es el gesto y no la cara.

El contenido donde nadie quiere aparecer, más común de lo que se cree.

El vídeo destinado a varios mercados, que va a tener que existir en dos o tres versiones.

Y el contenido de ficha de producto, donde la voz explica mientras la imagen muestra.

Cuándo destruye el vídeo

Tres casos, y tienen un punto en común: el vídeo tenía que probar algo personal.

El testimonio. Una experiencia contada por una voz que no se ve pierde exactamente lo que la volvía creíble.

La opinión de uso en el tiempo, donde se quiere ver a la persona que usó el producto durante tres meses.

Y todo lo que se apoya en la confianza: salud, dinero, seguridad, chicos.

En esos casos, la voz en off transforma una prueba en un argumentario.

No dobles a una persona real

Es el error más visible, y se produce seguido en la versión bilingüe.

Una persona filmada hablando, cubierta por otra voz, produce un desfase que el público detecta de inmediato: los labios no siguen, la entonación no corresponde, y el vídeo se vuelve una publicidad traducida.

Dos soluciones correctas. Volver a filmar a la persona en el otro idioma, que sigue siendo la mejor opción. O montar la versión lingüística en voz en off pura, sacando los planos donde se ve a alguien hablar.

La exigencia sonora sube

Es la contrapartida del formato, y es absoluta.

Cuando la voz carga toda la información, el menor defecto se escucha: reverberación, siseo, ruido de fondo, respiración mal cortada.

Alcanzan tres reglas. Grabá en una pieza con tela, nunca en un baño ni en una oficina vacía. Acercá el micrófono y hablá a volumen constante. Y grabá treinta segundos de silencio en la misma pieza, que van a servir para limpiar el fondo.

Sumá una toma de seguridad: la misma frase dicha dos veces, con un ritmo distinto. El montaje va a elegir.

Lo que permite la voz en off

VentajaLo que cambiaLa contrapartida
Ningún rostro en pantallaNingún permiso que recogerMenos apego
Un texto regrabableUna corrección sin volver a rodarUn tono que vigilar
Una sola voz, varios idiomasVersiones rápidasUna sincronización que rehacer

Lo que se cuida al grabar

Una sala amueblada, un micro a veinte centímetros, un vaso de agua a mano y dos tomas completas. Una grabación en una sala vacía resuena y no se repara.

Lo que se ajusta en el montaje

Cada frase sobre el plano que describe. Una voz que anuncia un gesto antes de que llegue a la imagen da impresión de doblaje, y el espectador abandona.

El punto bilingüe

Cambia el cálculo de producción, y es el argumento principal del formato acá.

Un vídeo cuya imagen no muestra a nadie hablando puede existir en dos idiomas a partir del mismo montaje. El costo de la segunda versión se limita a una sesión de grabación y a una exportación.

Dos precauciones. Escribí el texto por separado en cada idioma en vez de traducir: una frase traducida nunca cae sobre la misma duración de imagen.

Y grabá las dos versiones el mismo día, con la misma persona si es bilingüe, o con dos personas cuyos timbres se parezcan.